viernes, 17 de agosto de 2007

Vaya enfermo

Ya he visto que ese tipo es un autentico psicópata. Ha abierto un hilo en el foro solo para poner lo que digo, no me extraña que todos acaben hartos de semejante tarado.
¿A quien le importa lo que yo diga, lo que diga Leona o el vendedor de cupones de la esquina?. Resulta pesado para todos, no solo para sus víctimas; aun así, siempre hay algun idiota que le sigue el juego y le ríe las gracias.

Ni siquiera sabe leer, ve dos palabras y las interpreta a su conveniencia. Me gustaria saber donde ha visto ese que yo vaya a ir al foro a debatir nada. Como si no tuviese otra cosa que hacer que perder el tiempo con un idiota, porque está claro que le iba a tener encima, se aburre el carcamal.
Desde luego, a cobarde sí que no le gana nadie, ya ha borrado montones de comentarios del Arcoiris. Primero rebuzba y luego se arrepiente. Patético, patético a más no poder. Vaya, creo que no le gusta la palabra... PATETICO, PATETICO, pues no está mal, le define perfectamente.

En cuanto al jl2007 ese que retó a Leona, o no se ha enterado de que se presentó allí uno de los padrinos por él solicitados, o es otro cobarde de tres pares. En mi opinión, allí no hay nadie a quien le funcionen bien las meninges, menudo corral.


59 comentarios:

curaçao dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lobo Gris dijo...

curaçao dijo...

patético, xava, patético

El insulto no es mio. Lo he copiado de tu jefa, sacerdotisa y arrugada amante.
Pero a tí no te importa. Tútambién tienes el pito arrugado
¿verdad, gilipoyas?
(el insulto no es mio, te lo he copiado)

20 de agosto de 2007 9:51
_________________________________

Sarasa, por mucho que te joda, eres patético hasta decir basta.
Fijate en un par de cosas:
Siempre, siempre, los amigos de Leona somos para ti perritos falderos, meros subordinados a la jefa, lo cual dice mucho de tu envidia hacia ella, de tus celos animales por carecer de amigos. Por muchos nicks que abras, sarasa, tú no tienes amigos.
En segundo lugar, tu obsesión por el sexo resulta patente puesto que para ti todos somos sus amantes. Lástima que siempre te contradigas y a ella le chilles que no tiene con quien hacérselo.
P-A-T-É-T-I-C-O

curaçao dijo...

Lobito.
¿que hace tu caperucita?
¿ya sabes que Noville la ha abandonado como a un perro en medio de la carretera al principio del verano?
Ya no se escriben, ya no se mandan post, Noville prefire olvidarla, porque solo le va a traer problemas.
Ahora puedes aprovechar tú.
Pero produra que no se entere tu muujer, porque te echa de casa.

curaçao dijo...

Mensaje de hoy en "El País"

Hoy, 08:25 Publicado: #302


Usuario novel


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Miembro nº: 9.713



LeOna.Grrrrrr ha bloqueado su blog L'Arc de Sant Marti. Lo ha blindado, para que nos entendamos.
Le molestaban los comentarios que se le mandaban
Ahora no deja entrar a nadie.
Cobardica que es la tia. Además, sabe que va a perder la demanda por acoso y está acojonada.
Incluso ha consultado a EEUU, y le han contestado que en sus blogs hay libertad de expresión y que no piensan hacer nada de nada..
Y...¡se ha puesto de un cabreo...!
Otrosí: a Teresa Coscojuela la han despedido de su trabajo en Correos porque no cumplia con sus obligaciones y utilizaba el tiempo en meterse en los foros de "El País"
Ahora anda como loca buscando un curro. Ha encontrado algo temporal, que no le va a servir para pagar la querella que le voy a presentar por infamias e intromisión en mi honor. Mi abogado me ha aconsejado pedir una indemnización de 60.000 euros

Lobo Gris dijo...

curaçao dijo...

Lobito.
¿que hace tu caperucita?
¿ya sabes que Noville la ha abandonado como a un perro en medio de la carretera al principio del verano?
Ya no se escriben, ya no se mandan post, Noville prefire olvidarla, porque solo le va a traer problemas.
Ahora puedes aprovechar tú.
Pero produra que no se entere tu muujer, porque te echa de casa.

3 de septiembre de 2007 13:47
______________________________
Mhhh. No son estas las noticias que yo tengo, sarasa. Leona no tiene queja de Noville. Y cuando Leona dice algo en privado, se le entiende todo. Te aguantas, capullo.
_________________________________
curaçao dijo...

Mensaje de hoy en "El País"

Hoy, 08:25 Publicado: #302


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LeOna.Grrrrrr ha bloqueado su blog L'Arc de Sant Marti. Lo ha blindado, para que nos entendamos.
Le molestaban los comentarios que se le mandaban
Ahora no deja entrar a nadie.
Cobardica que es la tia. Además, sabe que va a perder la demanda por acoso y está acojonada.
Incluso ha consultado a EEUU, y le han contestado que en sus blogs hay libertad de expresión y que no piensan hacer nada de nada..
Y...¡se ha puesto de un cabreo...!
Otrosí: a Teresa Coscojuela la han despedido de su trabajo en Correos porque no cumplia con sus obligaciones y utilizaba el tiempo en meterse en los foros de "El País"
Ahora anda como loca buscando un curro. Ha encontrado algo temporal, que no le va a servir para pagar la querella que le voy a presentar por infamias e intromisión en mi honor. Mi abogado me ha aconsejado pedir una indemnización de 60.000 euros

4 de septiembre de 2007 1:00
_________________________________
Pues mira, viejales, según me ha informado Leona, su abogado pide mucho más. Creo que le ha añadido un cero a tu petición del sarasa de barrio. No me negarás que llevar un año acosándola por toda la red, hacerle perder su blog estrella por poner en él la fotito de la tia en bolas que te gustaría ser y dar la brasa por todas partes donde aparezca, ponerla de los nervios, asustarla con amenazas e incluso atacar a quien ella apoye, no es moco de pavo, tio.
Pide una plaza de estaua en las Ramblas para que moneda a moneda, los guiris te ayuden a hacer frente a la demanda. Atontao.

curaçao dijo...

Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

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¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

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¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

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¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

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Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

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¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

Si este hombre está en la cárcel, nadie en su sano juicio podrá negar que está claro que es culpable.
Parece que al tribunal del 11-M se le ha ocurrido la peregrina idea de analizar la solidez de las pruebas presentadas por la Fiscalía. ¿Puede imaginarse mayor desfachatez? ¿Quién se cree el tribunal que es para poner en cuestión la culpabilidad de esos 28 terroristas? ¿Acaso ignora que esos individuos no pueden ser sino culpables, teniendo en cuenta que Aznar mentía, como todo el mundo sabe?

¿Quiénes son estos jueces para decir que pasar por Morata no es demostración suficiente de islamismo? ¿Cómo se atreven a negar que, si uno habla por teléfono con Jamal Ahmidan, entonces no puede ser sino miembro de una temible organización terrorista? ¿Es que quizás se han creído lo de que la Justicia es de verdad independiente?

¡Los 28 acusados son culpables! ¡Y vale ya!

Así lo demostró el fiscal Zaragoza, que ha conseguido acreditar que todos ellos merecen la cárcel, fuera cual fuera el explosivo que las bombas de los trenes emplearan. Así se deduce de las arduas investigaciones de Olga Sánchez, que ha logrado demostrar que los apellidos de todos estos criminales pueden traducirse a un conjunto de números que siempre suman 11.

¿Cómo no van a ser culpables, si el juez Del Olmo, ante la avalancha de pruebas incriminatorias, no tuvo otro remedio que destruir los trenes y las prendas de las víctimas, para que no se le colapsara el despacho con tantas evidencias? ¿Cómo van a ser inocentes estos sujetos, si hasta tenían en sus arsenales secadores de pelo más mortíferos que cualquier arma americana de la que Bush disponga? ¿Cómo negar que son peligrosos terroristas, cuando su propia declaración de inocencia es el mejor indicio de que siguen a pies juntillas las enseñanzas de Al Qaeda? ¿Cómo poner en duda sus intenciones criminales, si tuvieron la desfachatez de no suicidarse en los trenes, para así engañar mejor a la Policía? ¿Cómo no va a haber demostrado la Fiscalía que son culpables, si Olga Sánchez ha sido capaz de demostrar algo mucho más difícil, que es que todas las cabras comen a una cierta altura?

¿Han perdido el juicio estos jueces? ¿O nos lo quieren hacer perder a nosotros? ¿O es que acaso se piensan que lo de la Casa de Campo era realmente un juicio?

Pero, sobre todo, ¿cómo van a ser inocentes, si El País ha dictaminado ya que no lo son? ¿Cómo van a ser inocentes, si Iñaki ya había derrotado a los embusteros que dudaban de su culpabilidad? ¿Cómo van a ser inocentes, si el Gobierno dice que son culpables y España se merece un Gobierno que no mienta?

¡Hay que dar un escarmiento! ¡Marquemos el territorio! ¡Los jueces se han atrevido a mear fuera del tiesto! ¡Que me traigan los calzoncillos paqueteros de leopardo!

Bermúdez y sus colegas se van a enterar de que un peine vale lo que nosotros queremos que valga. Ni más, ni menos. Y hay que dejar claro ante la ciudadanía que la culpabilidad de este individuo es notoria. ¡Que lo vuelvan a meter en la trena! ¡Que se inventen lo que sea!

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curaçao dijo...

¿LA TIA EN BOLAS?
¿QUE TIA?
MI NO ENTENDER

curaçao dijo...

AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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curaçao dijo...

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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.

curaçao dijo...

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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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curaçao dijo...

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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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curaçao dijo...

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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curaçao dijo...

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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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curaçao dijo...

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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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curaçao dijo...

martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
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martes 4 de septiembre de 2007
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
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¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
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¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
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Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
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AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
AMIGOS, ¡SE ACABÓ!

Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
He instalado la moderación de comentarios en mi blog. ¿Qué significa? Que los suyos no van a verse nunca más. Vosotros escribid, que cuándo yo los vea desde mi control los saco a la luz. Cuándo los escribáis no los veréis, pero en unas horas o un día o dos sí.
Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las capturas, tengo pruebas más que suficientes para acabar con esta rata de alcantarilla.
martes 4 de septiembre de 2007
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Se le acabó la cuerda al viejo sarasa, quiero decir.
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Los suyos nunca más, que se vaya a rebuznar al patio de su casa.
¿Por qué he tardado en hacerlo? Para recoger pruebas, por supuesto. En los anteriores posts podéis ver sus cagarrutas, ahí están, a la vista de todos, pues la moderación de comentarios empieza ahora, lo anterior queda a la vista.
Podéis ver que hay multitud de comentarios suprimidos por el autor. Ello significa que los ha borrado quien los ha escrito y como muestro en mi post anterior, desde mi panel de control aparece quien lo ha hecho. Ello unido a las c